miércoles, 11 de febrero de 2026

Degradación Fotolítica, el mecanismo principal de un láser UV

    Cuando pensamos en un láser habitualmente se lo asocia a un haz que por su intensidad calienta, funde o vaporiza los materiales, y estaríamos en lo correcto en la gran mayoría de los casos, pero no es así al lidiar con longitudes de onda cortas como el UV (355nm).


    En un láser de fibra (1064nm) o CO2 (10600nm) el efecto principal del mismo es calentar el material con el que está interactuando, es un proceso FOTOTÉRMICO. Cuando los electrones del material absorben los fotones del láser estos se excitan y su temperatura sube a una velocidad brutal (¡Entre 1.000.000 y 1.000.000.000 de grados Celsius por segundo!) y aunque los pulsos del laser duren apenas 80–200 ns es suficiente para fundir el material y en muchos casos vaporizar y eyectar el mismo en cuestión.

    Diferente es el caso para un laser dentro del espectro UV, sus fotones tienen mucha mas energía individual (debido a su baja longitud de onda). Al golpear el material lo hacen con tanta violencia que pueden romper los enlaces moleculares del material sin darle tiempo a calentarse, generando una separación del mismo, no un derretimiento. 

    Este fenómeno es conocido como Fotoablación y es el motivo de que se suela llamar al UV como un láser frío (aunque en la realidad algo de temperatura siempre hay, aunque en niveles no comparables con los de un laser de fibra o CO2). 

    Al trabajar con láseres térmicos como fibra o CO₂, el material pasa inevitablemente por un estado de fusión. Esto genera bordes con rebabas, zonas afectadas por el calor, cambios de color, tensiones internas e incluso deformaciones, especialmente visibles en plásticos, films, materiales compuestos o piezas muy delgadas. En muchos casos estos efectos son aceptables, como en el corte de metales o la soldadura.

    En cambio, en un láser UV el material se elimina “átomo por átomo”. Al no existir una masa fundida, los bordes quedan extremadamente limpios, sin rebabas, sin carbonización y con una zona afectada por el calor prácticamente inexistente. Esto lo vuelve ideal para aplicaciones donde la precisión y la integridad del material son críticas.


    Por esta razón los láseres UV se utilizan ampliamente en el marcado de plásticos técnicos, PCB, vidrio, cerámicas, polímeros médicos, siliconas y materiales multicapa, donde un láser de fibra o CO₂ simplemente derretiría, quemaría o deformaría la pieza.

    Otra consecuencia importante es la repetibilidad. Al no depender del flujo de calor dentro del material, el resultado del marcado o grabado UV es mucho más consistente entre piezas, incluso cuando existen pequeñas variaciones de espesor, color o composición.

    Esto no significa que un láser UV sea mejor que uno de fibra o CO₂ en términos absolutos. Cada tecnología responde a un mecanismo físico distinto y está optimizada para ciertos trabajos. Mientras que un láser de fibra o CO₂ destaca por su potencia, velocidad y eficiencia energética en procesos térmicos, el UV sobresale en precisión, calidad superficial y control del proceso.


    Entender esta diferencia permite elegir la herramienta correcta y, sobre todo, entender por qué una misma pieza puede reaccionar de forma radicalmente distinta según la longitud de onda utilizada. Muchas veces el problema no está en la potencia, la velocidad o el enfoque, sino en estar usando un tipo de láser que trabaja con un principio físico completamente distinto al que el material necesita.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario